La paraula silenciada (III)

La sola idea de “pensamiento único” parece una contradicción en sí, todos nos enorgullecemos de ser distintos, de tener nuestras propias ideas, de pensar por nosotros mismos, pero en realidad somos máquinas fáciles de programar, si no como individuos, sí como masa, y la inercia nos lleva a caminar en la misma dirección que los demás, e incluso a cruzar en rojo cuando lo hacen los que tenemos a nuestro lado. El pensamiento único, hoy en día, no cabe duda de que se basa en la economía: lo que da dinero es bueno, así de sencillo, pero lo que da dinero ¿a quien? Porque nuestros bolsillos siguen vacíos. ¿Es por culpa de los inmigrantes, o por el gran numero de parados, o porque cada vez hay más pensionistas…? En cada momento nos harán creer que unos u otros son los culpables de nuestra falta de liquidez económica, de que todo vaya mal, y tendremos que adorar al sistema que nos protege y vela por nosotros.

Queramos o no, somos realistas (puesto que tenemos rey), y todo lo demás es ilusión, y el que no opine lo mismo, es un enemigo público: ¡sed buenos ciudadanos, lapidad al que tenga ideas propias, denunciad a los adeptos del libre pensamiento, detened cualquier nimio brote de independencia, y vuestro será el reino de los cielos!

María José Fernández

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