La palabra silenciada (IV): otro pensamiento es posible

Aunque vivimos en una sociedad de consumo, en el que el que más tiene más vale, comienzan a escucharse voces en contra, voces que defienden el decrecimiento, el necesitar menos cosas para estar bien, en no ser consumidos por el consumismo. Nos han acostumbrado a pensar que el tiempo es oro, vale, ¿y para qué sirve el oro, para conseguir tiempo para ganar más oro? No, debemos darle la vuelta al dicho popular, y comprender que el tiempo es vida, vida que tenemos que disfrutar, vida que tenemos que vivir, y si tenemos que pisar el acelerador para correr por la carretera, que no sea para llegar antes a un lugar determinado, sino para disfrutar del aire contra nuestro rostro.

Hay iniciativas con esta nueva-vieja filosofía, como los bancos de tiempo, las monedas sociales, las cosatecas, los huertos urbanos, etc., pero la revolución antiindustrial todavía está en pañales, estamos demasiado acostumbrados al consumismo, a coger cuatro bandejas del mismo supermercado en vez de recorrer distintas tiendas, a no compartir nuestro vehículo, a comprar cosas que en realidad no necesitamos, porque lo cierto, si nos paramos a pensarlo, es que necesitamos muchas menos cosas de lo que creemos.

M. J. Fernández

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