Juan Marsé: “El Wertiginoso Educador me ofende”

Pregunta. Entre el embuste en diferido de Cospedal y el paso largo y la vista corta de Artur Mas, ¿con qué se queda?

Respuesta. El embuste de Cospedal es una aportación a la filosofía marxista, vertiente Groucho, notable. Pero considero que la zancada soberanista de Mas y su ceguera merece más atención: ahí nos la jugamos. Lo peor para Cataluña no sería la hostia que el president se puede pegar, sino el desgarro social que provoca.
P. ¿Sobreviviremos?
R. Por supuesto. Hemos sobrevivido al franquismo y a la aznaridad, así que estamos curados de espanto.
P. ¿Independencia para Cataluña?
R. Permítame ante todo una declaración de principios. Yo no milito bajo ninguna bandera ni bajo ninguna ideología, y no siento el menor respeto hacia la mayoría de políticos que nos gobiernan.
P. Veo que se lanza.
R. Hace ya mucho tiempo que los envié a todos a hacer puñetas, a unos por falta de coraje, la izquierda, los míos, a otros porque Dios les hizo así de cabrones, me refiero a los de la derecha, los de su Eminencia Reverendísima. ¿Cataluña independiente con este panorama? Yo no dejo de recibir agravios tanto de Rajoy como de Mas, así que me da igual que me jodan desde Cataluña o desde España.
P. ¿Podríamos hacer un esfuerzo y sacar algo en positivo?
R. Sé, positivamente, que esta gente me va a fastidiar, que tanto unos como otros limitan mis derechos y mis libertades, que estamos ante un retroceso histórico sin precedentes, que las políticas económicas de la UE están haciendo más pobres a los pobres, sé que vuelven las sotanas en las escuelas, sé que el ministro Wert, ese Wertiginoso Educador me ofende, ofende mi inteligencia, en fin, sé, positivamente, por responder a su pregunta, que ambos me joderán. Inútil dilema. Es como cambiar de tumbona la noche del Titanic.
P. ¿Y si nos independizamos todos de este diálogo de sordos?
R. De acuerdo. No soy nacionalista, no comparto ese sentimiento identitario tan ilusionante y montonero. Creo que los de la España eterna y los sufridos de la Cataluña ochocentista-victimista se cuecen en la misma olla podrida. Además, dudo que sean mayoría.
P. ¿Independencia para Barcelona?
R. Mire usted, yo, la verdad, habría preferido nacer en otra época, en otro país, con ojos azules y un hoyuelo en la barbilla. Pero Barcelona está bien como está y yo me siento a gusto. La ciudad ha sido, es y debería seguir siendo, un lugar de acogida.
P. Esta edición de Señoras y señores, este repaso de perfiles, ¿le ha hecho arrepentirse de la visión que tuvo de alguno?
R. No, no me arrepiento de nada de lo que he escrito. Me arrepiento de algunas cosas que no he escrito. Por ejemplo, de Henry Kissinger tenía que haber dicho que fue un asesino que sonreía ante el Caudillo como un maníaco sexual. Y no me pregunte por qué lo hacía.
P. Me cuentan que está usted más gruñón que nunca. ¿Qué le pica?
R. Prefiero el silencio al gruñido. Creo que el silencio en un país de gritones es mucho más elocuente. De hecho, llevo años en el aprendizaje del silencio. Hasta ahora he conseguido muy poco, pero no cejo en mi empeño. Tomo ejemplo de Rajoy, que es un maestro. Claro que en un gallego no tiene tanto mérito…
P. ¿Por qué odia sus novelas en el cine?
R. Mi odio lo reservo para cosas más relevantes. Pero es cierto, no me gustan las películas que se han hecho sobre mis novelas, aunque recuerdo con afecto la serie que filmó Paco Betriu de Un día volveré para TVE. Veamos. Lo he dicho muchas veces: cuando una película es buena, lo es por razones estrictamente cinematográficas, por su propia dinámica narrativa cinematográfica, y el hecho de haber sido fiel o infiel a un texto literario no influye. Conmigo no ha pasado eso. La película que más me gusta no existe: es la que debería haber filmado Víctor Erice de El embrujo de Shanghai.
P. Con Premio Cervantes y todo, ¿sigue usted siendo aquel chico de barrio?
R. Lo intento. El chico del Cervantes, que nunca estuvo seguro de haber merecido ese honor, siempre quiso ser un novelista, no un intelectual, estar más cerca del barrio que del Olimpo.

Perfil

Mítico Juan Marsé, crecido chico de barrio convertido en abuelo y clásico de la narrativa del siglo XX… En los billares de sus callejuelas barcelonesas seguro que aprendió a tirar los dardos que hoy dan en el entrecejo de la clase política. Recién editado su especie de bestiario con perfiles titulado Señoras y señores, Marsé ha parido dos nuevos dedicados a Artur Mas y a Dolores de Cospedal. Sin piedad.

Noticia publicada en la sección Cultura de El País

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