WINDOWS Guillermo Vansteenberghe

 8.WINDOWS CARTEL 4

El olor se insinúa violento entre el tejido de mis ojos.

El mundo se  desvela como una pasta informe y espesa, mis manos inertes son incapaces de amasar el mensaje el cual incisivo, se introduce en mi ser, ahí cómodo invade mi nicho de oscuridad y sin piedad va añadiendo capas ocres, marrones y rojas hasta transformar mi alma en un campo de batalla donde solo puedo ser víctima, ya que el verdugo es la pintura espesa que cobra vida lentamente y de la cual van extrayéndose ideas que no quiero ver y  sobre todo entender.

Mi mundo de haikus dispersos e inconexos se ven unido por puentes de papel y pigmentos que me empujan muy lentamente hacia el precipicio de la verdad. Cientos de hojas de periódicos se arremolinan en torno a mi cuerpo secándome de toda ignorancia.

Solo me queda la violencia para poder extraerme de ese ataúd de tinta y verdades recicladas.

Pero tras poder al fin retirar la pasta informe de mis pupilas, me doy cuenta que la metamorfosis ha terminado, mi memoria ha asimilado el dolor del mundo, mis gestos se han cargado de la rigidez del que sabe y desconfía. Ya no sé creer ciegamente, tengo que tocar sentir y oler lo nauseabundo de la realidad.

Ecce homo patético por su diminuto tamaño ante el Verbo cierto y verdadero, descubro que la huida del paraíso ha sido una huida hacia delante, hacia la nada, y el pecado cómodo del olvido conjugado a mil tiempos, he vuelto empujado por el engrudo de la verdad a ver el Verbo sobre las aguas de colores de la creación primigenia.

Entre los colores definitivos se inserta una suave música que añade todo el dolor de lo verdadero, sin miedos con valor y certeza de hacer lo justo, voy dando los primeros pasos en la otra dirección esa misma que antes no veía ya que solo miraba, no sentía.

Aplastado por mi nueva libertad de moverme hacía donde debo, tembloroso realizo el primer paso, millones de agujas se clavan en mi cuerpo, el andar es insoportable, los miedos nacen en mi mente, y se distribuyen al nadir y al cenit  de mi cerebro para siempre. Sé ahora que al ver y comprender, serán mis sombras eternas.

Aún noto en mis mejillas las motas de color secándose ,recordándome que una vez fui ciego y ahora veo a través de la ventana, con tensión increíble alargo mi brazo y con mi mano realizo EL primer gesto…

En el aire va alejándose en volutas de inmovilidad alterada, un simple dibujo hecho de aire y de verdad.

Este texto no habría sido posible sin la música de Soft Machine y de Can, y de los suspiros de impaciencia de mi hija pequeña Gaëlle, y como no de la pintura deHerman.

 Guillermo Vansteenberghe

Catalogo herman geys

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