POR TIERRAS DE ESPAÑA. (Al estilo del periodista.)

Aunque su descripción del área de las montañas Carpetanos es demasiada enrevesada y floreada, claramente Miguel de Unamuno cree que la belleza de estos montes es excepcional.

¿Podría ser verdad? ¿Una montaña por encima de todo? ¡Como el anillo de Tolkien! Esto comencé pensando  en vista a mi propia experiencia.

He volado sobre las faldas de Monte Kilimanjaro. Un centinela enorme y aislado, siempre coronado por la nieve, velando en silencio sobre las inmensas llanuras centrales de África; nunca se entrometió en la lucha eterna para sobrevivir en las selvas y las sabanas de allá abajo.

En invierno, encima de los Alpes de Francia, Alemania o Austria, o las Rocosas de Canadá, la vista refleja un paisaje lunar, no hay más que un mar de cabezas blancas se extiende al horizonte. Sin color o contraste,  parece que ni la humanidad ni la civilización existen.

También, he volado por la noche, sobre el Vesubio cuando estaba en erupción. Unas fauces gigantescas, arrojando humaredas, las llamas y el río de lava líquida, fue como una mirada a la entrada del infierno. Una mancha roja devorando ávidamente la cortina negra de la noche.

Por contraste, la colina pequeña detrás de la casita donde pasé mi infancia tuvo su majestuosidad propia. Durante mis años de formación, mi padre trabajaba sobre sus cuestas pocas pronunciadas y obtuvo el dinero para poner la comida sobre la mesa. Por lo tanto, para mí, este primo lejano del Vesubio me afecta de igual manera.

Y ahora, la Sierra Mariola, situado a la cabeza del Valle de Albaida, me da confort, protección y estabilidad. Como un cuadro viviente, sus colores cambian cada día, dependiendo del tacto frío del año nuevo, de la caricia del viento primaveral, del sol implacable de agosto o de los días suaves de la cosecha. Al alba, la Madre Naturaleza quita sus pintas y tintas del día anterior y crea una tela nueva y singular.

He llegado a la conclusión que cada monte o macizo es único, pero ni uno es más único que el otro. Un hombre que no puede apreciar la belleza de lugares diferentes y diversos es como un hombre que nunca lee más que la primera página del libro de su vida.

GORDON ROBISON

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